Mamás de locutorio

Después de leer el artículo aparecido en El País el 8-11-08 una no puede por menos que quedarse con el corazón en un puño y como mujer preguntarse hasta qué límites llega el sufrimiento y corage de las madres, de las mujeres.

Las migraciones, que no tienen otro fin que buscar un modo mejor, o símplemente un modo, de vida, llevan aparejados un sin fin de retos, renuncias, sufrimientos, negaciones (incluso a la propia identidad y cultura, a veces) que no nos podemos imaginar los que tenemos la suerte de estar donde queremos estar.

“Las mujeres representan casi la mitad del colectivo inmigrante mundial” reza el artículo, la mujer se emancipa también en lo que respecta a emigración. Bendita “emancipación” que debiera suponer más libertad, más oportunidades, más beneficios, más felicidad en suma. Esta emancipación es la respuesta corajuda de unas mujeres que están dispuestas al máximo sacrificio con tal de dar un futuro mejor, el que ellas no tuvieron, a sushijos. Un futuro que afrontan, además, en la mayoría de los casos en soledad, porque una se pregunta ¿y dónde están los hombres y padres de esas proles? 

Estas mujeres emigrantes en su tierra son, en un gran porcentaje, cabezas de familia que están dando lugar a un nuevo tipo de familia, familias a distancia, transoceánicas se dice en el artículo. Una se pregunta ¿qué puede llevar a estas mujeres a dejar a sus hijos al cuidado de familiares y dar el salto a l viejo continente?  En primer lugar, la facilidad para encontrar un trabajo cási inmediato, en ocupaciones tradicionalmente femeninas: servicio doméstico, cuidado de personas mayores y niños.  En segundo lugar el apoyo de las redes informales (amigos, parientes, etc). Y por último, el deseo de proporcionar a los suyos mejores oportunidades de vida.

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La pedagoga argentina Nora Rodríguez, que lleva viviendo 20 años en España, consciente de las situaciones a las que se enfrentan estas mujeres ha escrito “Educar en el locutorio”, un libro “sobre madres que han dejado temporalmente a sus hijos y cuyo equipaje más valioso son los recuerdos, las ilusiones y los retazos de promesas que arrastran mientras aprenden a educar en la distancia”.

Para escribirlo, se ha reunido con 130 madres inmigrantes entre las que hay bolivianas, ecuatorianas, dominicanas, colombinas, guatemaltecas, filipinas, rumanas, camerunesas y magrebíes, a las que llama “heroínas del siglo XXI”.

Muchas de estas mujeres que, en principio, venían quizás para estar un año reunir un dinero con el que solventar deudas o emprender algún negocio en su país, al final ven que su futuro y el de los suyos está más aquí que allí.  Después de unos años tramitan la reagrupación familiar y madres e hijos, que a veces no se reconocen,  reinician un camino transido de dificultades para reanudar un vida familiar interrumpida por años, con el sólo conducto de largas conversaciones telefónicas o a través de internet y webcam.  Así no es de extrañar que el 92% de las familias inmigrantnes tengan teléfono movil y el 48% ordenador conectado a Internet, viene a ser el elemento imprescindible  que mantiene una precaria cohesión familiar.

Las mujeres rara vez hacen dejación de sus obligaciones y estas mujeres que han emigrado al otro lado del “charco” tampoco lo hacen en lo más sagrado, la educación de sus hijos.  Pero ¿qué ocurre  cuando se tienen 10 ó 15 minutos para hablar con todos los hijos y se desean recabar noticias, transmitir emociones, dar pautas y consejos,… ? ¿a qué dar prioridad? ¿ a las órdenes o amenazas ante comportamientos no aceptados, o al mimo y el cariño? Son momentos para la madre, y los hijos también, en que se agolpan multitud de sentimientos y el de culpa, por la sensación de haber incurrido en abandono, puede llevar a estas mujeres a ciertas actitudes permisivas y promesas de regalos con los que compensar las largas ausencias.

La pedagoga Nuria Rodriguez ha elaborado a modo de decálogo una breve lista de consejos prácticos que se recogen en su libro “Educar desde el locutorio” (Plataforma Editorial).

Cómo ser madre por teléfono

  1. Saber usar las palabras para no producir más estrés y dolor en los hijos. Es conveniente hablar en términos como “imagino”, “deseo”, “nos haría bien”. Hay que evitar palabras como “deberías”, “no debes” o “tienes que”
  2. Hablar del país de acogida a los hijos para no generar falsas expectativas. No contar sólo lo positivo.
  3. Plantear juegos a distancia según la edad : acertijos, trabalenguas o canciones.
  4. Reir. Una carcajada libera tensiones y contagia alegria.
  5. Evitar dramatizar para no generar en los hijos ansiedad. No llorar ni hacerles depositarios del dolor de la separación.
  6. Consejos los justos. No abrumarles con ellos.
  7. Fomentar la sinceridad y no comparar el antes y el ahora.
  8. Las palabras de amor deben usarse a menudo.
  9. No colmarles de regalos. Es perferible uno solo por hijo, a ser posible personalizado.
  10. Ser generosa en los halagos y alabar las capacidades del hijo: reforzar su autoestima.

En España las mujeres representan hoy el 46% de los trabajadores extranjeros documentados. Protagonistas de un fenómeno imparable, el de la feminización de la emigración, esta madres-mamá, cabezas de un nuevo modelo de familia, la transoceánica, conntribuyen sobremanera a que la rueda implacable de la globalización siga girando.

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Una respuesta a “Mamás de locutorio

  1. Enhorabuena,alumna avanzada. Muy bueno lo que estás haciendo. Cuando me refrene un poco de trabajo ya colaboraré en poco más. De momento solo puedo señalarte algunas paáginas que leo.
    Está muy bien la reflexión.

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