NUESTROS JÓVENES INMIGRANTES NO SE ACABAN DE SENTIR A GUSTO EN ESPAÑA

En un estudio recientemente publicado, elaborado por dos universidades estadounidenses, Princeton y Clemson, junto con la madrilena Pontificia Comillas, y que investiga sobre los hijos de los inmigrantes, queda patente que los jóvenes no acaban de sentirse a gusto en España.

Los datos nos dejan perplejos. En un país que decimos no ser racistas (!), ¿cómo se entiende que tan sólo se sientan españoles un 30,5%  y qué  tan sólo un 27% desee quedarse a vivir en España? Algo no hacemos bien o ¿algo hacen demasiado bien las familias que logran mantener el arraigo y amor por la tierra de origen?

Pero este dato, que nos habla de una querencia hacia el lugar de residencia, con ser llamativoy que debiera ser objeto de reflexión por parte de la sociedad, no es lo peor. El dato más negativo lo constituyen  las bajas expectativas escolares y, por ende, sociolaborales que muestran estos jóvenes.

En  Estados Unidos , que son pioneros en este tipo de estudios sobre los hijos de emigrantes, se ha constatado que a pesar de los conflictos que la migración pueda provocar en algunos suburbios de las grandes capitales, por lo general entre las familias emigrantes es común observar unas altas expectativas hacia los estudios de sus hijos. Pero parece también, que una cosa son las  expectativas familiares y otra cosa muy distinta lo que los jóvenes, desde su nuevo puesto y roll, en la sociedad de acogida, son capaces de desarrollar.hijos_inmigracion

En un libro interesantísimo “La infancia  de la emigración” de  Carola y Marcelo Suarez Orozco, se estudia en profundidad la evolución que sufren los hijos de los emigrantes. En este estudio se hace un repaso de las razones profundas que  llevan a emigrar, las dificultades que encuentran las familias para  salir adelante en la nueva sociedad, para adaptarse y educar a  sus hijos en entornos que pueden tener un código de valores diferente al suyo de origen, y este choque provoca, a su vez, conflictos dentro de la familia pues, los jóvenes tratarán de mimetizarse con el entorno, si eso es posible, o puede  que la nueva situación les provoque un rechazo frontal a la nueva sociedad. En este estudio se detalla también los nuevos roles que surgen dentro de la familia inmigrante. Muchas veces los hijos, más hábiles  en el aprendizaje de la lengua y de los nuevos códigos, pasan a   ser los que tutelan a sus padres,  los que tienen que hacer de interpretes, con todo lo que esto puede suponer de carga de responsabilidad y emocional al ver a sus progenitores, muchas veces, en estado de indefensión y de descenso de estatus laboral y social. Olvidamos que muchos de los que nos llegan tienen estudios superiores que aquí no les sirven.

Po lo tanto, las altas  expectativas que portan la gran mayoría de las familias inmigrantes, muchas veces quedan diluídas por la cruda realidad cotidiana. Sabemos que  las expectativas se tejen con delicados hilos. Estas, muchas veces, nos vienen condicionadas y modeladas por la imagen que de nosotros percibimos en los demás. Los jóvenes inmigrantes, a veces tienen dificultades para demostrar sus conocimientos y capacidades. El idioma, los códigos culturales, los diferentes estilos académicos, la adaptación al entorno que puede causar un estado de estress en el alumno-a,… demasiadas cosas se unen que pueden dificultar el curso del aprendizaje y/o la evaluación. Ante la percepción de resultados negativos, o  poco satisfactorios, de posibles juicios de valor erróneos y crueles,  ante dificultades reales y emocionales, ¿quien no vería sus expectativa disminuídas y crecidas, por el contrario,  toda suerte de barreras y obstáculos para el logro de titulaciones  y posteriores logros laborales?   

Aquí, en este pasaje, es donde se gesta el germen de la frustración. Este germen puede dar frutos muy amargos, no sólo para la persona, en este caso nuestros jóvenes inmigrantes, sino para toda la sociedad. Todos tenemos en mente casos de violencia en barrios periféricos de grandes ciudades Europeas, principalmente Francia, dónde la rabia incontenida de jóvenes inmigrantes ha producido conflictos destacados.

Siempre es más rentable, aunque sólo sea por egoismo y amor propio, tratar bien a los demás. Mimarnos, esto es,  tratarnos delicadamente unos a otros: yo te mimo, tu le mimas, el nos mima. Sería lo más inteligente que pudiéramos hacer los seres humanos, pero algo debe haber a nivel biológico o profundamente asentado en nuestras más ancestrales vivencias de ser humano, que nos hace recelar de lo desconocido, de lo que consideramos extraño o ajeno a lo nuestro  y provoca que no nos tratemos demasiado bien, cuando no lo hacemos francamente mal, porque, tontamente,así pensamos que alejamos el objeto de nuestros temores, sin darnos cuenta de que metemos al lobo en casa, el lobo del miedo, porque el miedo, y más si es irracional, guiado por prejuicios, sólo engendra monstruos.

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