EXTREMISMO RELIGIOSO Y MULTICULTURALISMO

A principios de año, en Estrasburgo (Francia), se entregaron los premios Sájarov   a la Libertad de Conciencia que se viene repartiendo los últimos 20 años. Allí, en Estrasburgo, estuvieron los galardonados  de este año junto con otros de años anteriores, se puedo ver a Salih Mahmoud Osman, Adem Demaçi, Oswaldo Payá, Taslima Nasreen y Wei Jingsheng,  entre otros. taslima1

 

Estas personas saben bien  lo que es plantar cara a un gobierno que viola los derechos humanos, por ello han sufrido  exilio, han puesto en peligro su vida. En una página del Parlamento Europeo vienen las entrevistas con estos personajes y otros muchos. Son testimonios de un alto valor.

 Pero aquí y ahora queremos traer entre nosotros la voz y el testimonio de Talisma Nasreen. Esta mujer, premio Sájarov en 1994, tuvo que exiliarse en 1999 de su país, Bangladesh, huyendo del fundamentalismo religioso. Hoy en día vive en Suecia.

¿Por qué traemos hoy a colación a esta mujer? Hace unos días en una entrada nuestra, Multiculturalismo e Interculturalismo, hablábamos, precisamente, de los nuevos retos que se nos presentan en nuestra sociedad multicultural y los conflictos que pueden presentarse ante la convivencia de distintos códigos éticos. El riesgo de un multiculturalismo acrítico puede ser precisamente no hacer frente a problemas que, erróneamente se clasifican como elementos inherentes a una cultura, sin percatarnos  que pueden ser flagrantes violaciones de los derechos humanos y, que de no actuar,  pudieran devenir en una escalada contra los mismos y los logros alcanzados en este sentido.

En una entrevista Taslima Nasreen  habla del peligro que supone el extremismo religioso. Entresacando de esa entrevista algunos párrafos leemos:

“El extremismo religioso es una gran amenaza en el mundo. Especialmente el extremismo islamista está amenazando con hacernos regresar a una época oscura, cuando la mujer no tenía ningún tipo de derechos ni libertades y era tratada como esclava, objeto sexual y máquina de hacer niños. Los extremistas quieren una ley islámica y una sociedad en la que la mujer no tenga ni derechos ni libertades.
 
Los extremistas islámicos creen que hay dos tipos de mundos: un mundo del infiel y un mundo del Islam. Pero ellos quieren convertir el mundo del infiel en el mundo del Islam, lo que supone una gran amenaza para la diversidad de pensamiento. Ellos no creen en el individualismo; la lealtad a un grupo es una característica particular de los fundamentalistas religiosos.
 
Si nosotros, personas liberales, les aceptamos en el nombre del multiculturalismo, cometeremos un gran error. No todas las culturas son iguales. Algunas culturas están en contra de los derechos humanos, de los derechos de la mujer y de la libertad de expresión. No deberíamos permitir la tortura en nombre de la cultura, porque eso no es cultura. Si vemos  que alguna cultura va en contra de la mujer, debemos rechazarla.

 
 
 

 A lo dicho, multiculturalismo e interculturalismo no son lo mismo, como tampoco islam e islamismo. Bienvenido sea el islam dialogante, pacifico y tolerante del que hemos tenido en la península antiguo conocimiento. Pero no caigamos, en nombre de un multiculturalismo liberal, en la ceguera de no advertir donde se cierne el peligro de la intolerancia y el pensamiento único y obscurantista que desearía llevarnos a “épocas oscuras”.

 

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