Reflexiones de una Dinamizadora Intercultural

 Acaba el primer curso en que se ocupa este puesto y es momento de hacer balance. ¿Qué cosas se han hecho, cuáles se hubieran podido haber hecho, qué es deseable que se aborde el próximo curso desde este puesto?, ¿que coordenadas seguir?. Las preguntas puedes ser múltiples, pero el sentido de realidad debe imperar tanto a la hora de hacer programaciones, como de evaluar lo conseguido, lo conseguible y lo que solamente es deseable y las circunstancias del momento impiden realizar, porque si nos evaluaramos sólo en virtud de este último parámetro  no habría puentes suficientes para todos los que desearíamos tirarnos desde uno comidos por la frustración.

Alguien puede preguntarse ¿para qué demonios precisamos un dinamizador intercultural, no se dónde?, y si le decimos que es para la escuela? .

lapices colores

 La sociedad o sociedades actuales no son , ni tienen nada que ver con las sociedades de tan sólo hace 30 ó 40 años. Las migraciones siempre han existido pero la gente que  emigraba debía mimetizarse con el medio en el que se insertaba, o por lo menos así lo pensaba la mayoría. Lo contrario era inadaptación. Pero los movimientos, con ser flujos más o menos contantes, eran asimilables y se mantenía la ilusión de sociedades homogeneas, estables y exentas de peligros de identidad, las identidades de los demás eran cosa suya.

La II Guerra Mundial trajo consigo unos movimientos colosales de población. El proceso descolonizador también conllevó, en ocasiones, migraciones de pueblos que intentaban reunirse dentro de unas fronteras determinadas. Pero nadie pudo imaginar que sin guerras, ni pestes, ni calamidades de ese tipo, las migraciones fueran creciendo en oleadas hasta convertir las sociedades desarrolladas del  mundo occidental en un collage de pueblos, etnias y culturas.

Esta diversidad se refleja en las aulas, y  a la sociedad le plantea diferentes retos. Acoger, y ayudar a adaptarse a  todo el que llega y se asienta entre nosotros. En esa acogida y ayuda entra desde la ayuda a la adquisición del idioma, de vivienda, sanidad, educación para ellos y sus hijos, hasta el conocimiento de las leyes y costumbres del país de acogida. Todos somos los interesados en que este proceso de integración sea mutuo, entendido, y exitoso. Los retos son muchos en estas sociedades multiculturales que se han gestado en el período entre siglos XX y XXI, pero el de los hijos de los inmigrantes no es el menor. Si todos los jóvenes pueden tener problemas de aprendizaje o adaptación escolar, los jóvenes recién llegados y trasplantados de otras culturas son más sensibles a ellos.

La escuela, pues, debe promover el entendimiento entre todas las culturas que en ella conviven. Debe propiciar un clima social y escolar, donde todos tengan lugar y se sientan aceptados y respetados en sus señas de identidad. Desde la aceptación y el respeto el éxito escolar es más factible que desde el rechazo y la marginación.  Nadie desearía que las tasas de fracaso escolar se disparasen, el fracaso escolar es fracaso social y todos lo sufrimos o sufriremos.

¿Qué he hecho como dinamizadora intercultural, si deseo ser merecedora de tal nombre, en este sentido? En primer lugar, debo admitir que mi trabajo se ha integrado en un proyecto de centro que lleva una trayectoria clara de incentivar el éxito escolar desde prácticas inclusivas impulsando el diálogo en la comunidad escolar.

En este marco he intentado, por todos los medios, que todas las culturas fueran visibles, tuvieran sus espacios; se han realizado actividades que han dado a conocer particularidades de ciertas culturas; se han realizado ejercicios contra los estereotipos y prejuicios; se han estrechado lazos con la comunidad inmigrante; se han llevado a cabo tertulias literarias; se han traído inmigrantes a contar sus experiencias al alumnado; se han hecho muchas cositas todas ellas en las direcciones mencionadas, algunas no han sido muy visibles, otras son de posibles resultados lentos en el tiempo y es por ello que a una le cabe la duda de lo hecho y lo dejado de hacer. 

En todo este periplo lo más gratificante ha sido la gente que he conocido en el camino, esa gente que nos ha venido, que se ha quedado entre nosotros y que nos enriquece a raudales. Si alguien pone en duda aún que la inmigración es una magnifica oportunidad de hacernos más diversos, en acentos y colores; más ricos en matices, en miradas nuevas; más sabios, con sabidurias de otros lares, con experiencias vitales nuevas y aleccionadoras; pues si alguien lo duda es que su mirada es ciega o corta. A estas personas sólo el tiempo, terco desmostrador,  les probará que mirar a la lontananza no es no ver lo cercano sino adivinar a donde nos conduce lo próximo, lo de al lado.

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