UN DÍA SIN INMIGRANTES

En Francia, Sarkozy quiere proponer la creación de una ley que permita cerrar las empresas que mayoritariamente funcionen a base de trabajadores inmigrantes sin papeles. Se prevé que puede regularizarse la situación de unos mil trabajadores cuando son más de medio millón los que viven y trabajan en el país sin estar regularizados.

Ya alguien ha propuesto, lleno de sensatez, que un día los inmigrantes, todos, se pongan de acuerdo para no ir a su puesto de trabajo. ¿Imaginan? Esto nos ha recordado una película que trata este mismo tema, pero ambientado en EE.UU, y se titula “Un día sin mexicanos”.

Imaginense, mañana no le va la rumana a limpiar su casa, o la colombiana o colombiano a cuidar de sus padres con Alzheimer o muy impedidos, todos los empleados de hosteleria, gran mayoría sudamericana, va a dejar todos los restaurantes sin servicio, pero es que en solidaridad, todos los kebab y restaurantes de cocinas del mundo también van a cerrar. Personal de limpieza, empleados de supermecados y grandes hipermercados, personal de todo tipo: profesionales de los servicios, de la industria deciden quedarse en casa. ¿De verdad se lo pueden imaginar? Tiene que pensar qué hacer con sus hijos, con sus ancianos padres, con su comida, con la limpieza, con la gasolinera, autobús, supermercado,…. Y pensemos que se empoderan de la importancia que realmente tienen y deciden darnos un escarmentito y eso no dura sólo un día, que al fin y al cabo uno se apaña de cualquier modo, sino que se prolonga por dos, tres, cinco o siete días. Ni en las peores pesadillas. Pues si, eso podría pasar.

La industria de la moda parisina, en el barrio de la Isla, se mueve básicamente a base de mano de obra inmigrante. Esa industria  supone un buen pellizco en el PIB de Francia. Lo mismo pasa en cantidad de fábricas de montaje, construcción,  etc. y no sólo en Francia, sino en gra parte de los países de la Unión Europea.

Somos una sociedad bastante hipócrita, cogemos de la inmigración lo mejor y lo que nos conviene, como hicimos en la época del imperialismo con las riquezas de los pueblos, hoy Tercer Mundo, y cerramos los ojos a la “legalidad”,  o mejor, a la justicia, según nos venga bien y, en época de crisis queremos deshacernos de ellos como haríamos con un kleenex. No provoquemos y no tendremos que lamentar.

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