EL VELO DE LA DISCORDIA

De nuevo la escuela , la sociedad, se han sacudido ante el tema  de la niña  Najwa que no accedía a desembarazarse del hiyab. Pero parece que, milagrosamente, la tensión ha descendido y el tema ha pasado casi al olvido en el momento en que la alumna ha sido “reubicada” en otro centro, no sin problemas. Cada elemento en su cubículo y todos contentos, parece ser la consecuencia y lección que hemos de sacar de todo este asunto.

Jóvenes con hiyab

He seguido el tema con preocupación, confusión, y sentimientos encontrados, porque, todo hay que decirlo, posicionarse en este tema no es cosa sencilla.

Algunos tenemos claro que la escuela debe ser un ámbito laico, o no confesional, dado que en nuestro país existe la libertad religiosa y el estado no es confesional. Por lo tanto los espacios públicos deben ser ámbitos de libertad y tolerancia. La escuela es y debe ser, así mismo, un espacio donde esa tolerancia, respeto y capacidad de reflexión frente a los conflictos, que en la convivencia de forma indefectible surgen, se puedan aprender y practicar.

La controversia ha surgido por el velo ¿de verdad que sólo por el hiyab? Y ha sido encrespada. Nadie ha dado su brazo a torcer y cuando se dispuso la búsqueda de un nuevo centro para la alumna, un colegio de la noche a la mañana cambió su normativa. ¿Cómo pudieron hacerlo? En la mayoría de los  centros hay un procedimiento, siguiendo la normativa que emana de leyes, que exige al menos 24 horas de convocatoria de claustro y OMR, por lo que tanta diligencia para un tema que exige cabeza fría y reflexión no da un ejemplo a mostrar a nuestros jóvenes en particular, y a la sociedad en general.

Mujeres en Irán luciendo un chador moderno

Intentando aclararme con mi cabecita he ido deslindando el tema:

1-    ¿Cuáles son las circunstancias que pueden suponer un ataque a la deseada aconfesionalidad de la escuela?  ¿El que un centro sitúe en lugar preeminente un crucifijo u otro símbolo religioso, o que un alumno-a, profesor-a o familiar lleve discretamente un crucifijo, estrella de David, símbolo del yin y el yang, u otro?  ¿Son equiparables estas dos  actuaciones? Yo creo que no. No es lo mismo el posicionamiento manifiesto que supone un símbolo así, por parte de una institución pública que parece decir a todo el que la ve: aquí nos regimos por los principios morales e ideológicos que suponen y hay detrás de este símbolo y nos identificamos con todo lo que tenga que ver con valores, actitudes y formas de pensamiento derivadas de  la creencia en esa ideología y que deriva en valores identitarios al imponerlos en ámbitos públicos. Esto supone una imposición, un mensaje que coarta las libertades de los que se sienten ajenos con esas creencias, por  parecer que opinar en contra pueda suponer o ser tomado como un ataque a los valores que respalda esa institución. Mientras que una persona particular lleve un símbolo que le es querido, sólo dice, o puede querer decir, porque mucho puede haber de moda o costumbre,  que ella participa a nivel personal y se siente identificada  con esa ideología o creencia.

2-    Según esto, ¿qué supone el hecho de llevar el hiyab? Pues es un acto personal e individual que a nadie obliga ni lastima en las creencias de otros.  Aquí luego lo que solemos discutir es si la mujer lo hace de modo voluntario u bligado. Preguntarle a una niña si lo hace de modo voluntario, parece una obviedad porque nunca sabremos la libertad de que goza ni su grado de madurez para tomar tal decisión.  Así que la pregunta parece ociosa. Si es cierto que últimamente en el mundo musulman se está dando, cada vez más, el que las mujeres adopten de modo voluntario el ponerse el hiyab como un modo de aumentar su visibilidad en una sociedad que tiende a restringir su presencia en el espacio público. ¿Quiénes somos nosotros para meternernos en el litigio de lo que supone para estas mujeres el velo?  Para las que lo adoptan de forma voluntaria es sumamente cruel y violento la obligación de quitárselo en ciertos espacios, como ocurre en Francia, porque las desnuda en lo más preciado de sus señas de identidad. En el mismo mundo musulmán hay disparidad de opiniones: la egipcia Nawal El Saadawi está contra el velo en las escuelas, por ejemplo.  Nawal habla de los otros velos de las mujeres occidentales. Y ciertámente, metafóricamente nosotras si que tenemos “velos” y ataduras que nos  matan: maquillaje, moda, “estilettos” y que nadie nos los toque, y ni siquiera sabemos si somos libres de verdad de elegir semejantes medios de  tortura.

3-    ¿Sería lo mismo si hablaramos de un niqab o burka?  El velo o hiyab tan solo cubre el pelo y no es incompatible con el seguimiento de la moda. Podemos ver a jóvenes musulmanas con minivestidos por encima de pantalones, camisetas de tirantes sobre camisetas de manga larga, el hiyab puesto de forma personal y coqueta, pero toda esta moda siempre guardando la  norma de vestir con recato y pudor.  Mahoma, el profeta, no impuso nunca una forma determinada de vestir tan sólo hablaba de que tanto hombres como mujeres debían ir con sus cuerpos convenientemente cubiertos y no había normas que dificultaran los movimientos de la mujer por el vestido.  Está documentado que tanto el burka como el chador y el niqab son vestimentas propias del  desierto y anteriores a la llegada del Islam. Tienen una finalidad  doble, la de proteger de los ardores y vientos del desierto y de proteger a la mujer frente a ataques de otros grupos, o de las miradas lascivas masculinas. En el siglo XX el burka se fue imponiendo entre la clase alta afgana como un modo de invisibilizarse al pueblo.

jovén senegalés con gorro a lo Bob Marley

Un burka o un niqab suponen restringir gravemente los movimientos y libertad de la persona. El burka está comprobado que produce graves alteraciones en el equilibrio y orientación al ver el mundo a través de un pequeño hueco esterillado. El rostro es como el portal del alma, viendo nuestra expresión nos identificamos en el otro, nos  comunicamos y transmitimos sentimientos y estados de ánimo. Es de una crueldad extrema ver a esas madres afganas con sus niños en brazos. Terrorífico, de pesadilla. ¿Cómo conducir, como ir al médico, como….vivir así? No claro, no tienen esos problemas porque definitivamente tienen prohibido todo eso y más. No es lo mismo, para nada, y no valen aquí relativismos culturales seudomodernos y liberales de esos de: dejémoslo que son sus costumbres.

4-     ¿Qué pasa con las gorras, viseras y pañuelos de nuestros alumnos? ¿Es lo mismo? ¿Deben lo colegios normativizar el uso de todas estas prendas? No son comparables las gorras y el yihab. Las gorras, cintas de anchos diversos y pañuelos son modas que pueden ser pasajeras, como todas las modas, o pueden terminar siendo alguna seña de identidad tribal o grupal, pero que se pasa con la edad. Nada comparable a lo que puede suponer para una mujer musulmana el yihab. Es sabido que las normas de cortesia están en sus horas más bajas y lo de descubrirse ante otras personas parece cosa del pasado, igual que ceder el paso o el asiento. Es una pena que hayamos perdido tantas cosas que son sinónimo de civilización y de reconocimiento  y respeto entre las personas, deferencias que a veces hacen la vida más amable. Hay quieres dicen, a mi no me molesta que mis alumnos lleven gorra, con tal de que no molesten. ¿Lo veríamos igual de bien si les llevásemos a una conferencia o al teatro o a cualquier otro acto público donde entre los adultos no se admite, sin el consiguiente juicio de falta de educación, el uso de esas prendas? ¿Cómo les hacemos ver la diferencia? ¿Para cuándo dejamos lo de educarles? ¿No debe preparar la escuela para la vida? ¿Por qué entonces en ciertos aspectos tendemos a inhibirnos? Yo creo que simplemente es el miedo al desgaste que nos supone el lidiar con el alumnado adolescente en este, así como en otros aspectos. Nos cuesta, a veces, defender nuestros puntos de vista ante ellos y mostrarnos firmes. A veces no tenemos las ideas claras y es cierto que hay tanto relativismo y pasotismo que cada vez resulta más dificil posicionarse. Luego, en un claustro puede haber tantas formas de ver la cuestión que la dificultad es aún mayor. Así que la inhibición es muy entendible.

Najwa a la salida de la escuela

¿Debe la escuela normativizar el uso de estas prendas? ¿cuál? ¿el hiyab? ¿las otras? Aquí llegamos a un punto dificil. Si al principio de mi reflexión defendía la escuela como un espacio de tolerancia, que no de permisividad ante lo que podemos considerar falta de respeto a las convenciones de nuestra sociedad, discutibles bien, pero vigentes, tengo bantante claro que no veo la conveniencia de que la escuela se posicione ante el velo. Hay quienes lo rechazan porque tiene connotaciones machistas y sexistas. Aquí entraríamos de nuevo en la discusión de si es voluntario o forzado su uso. En la religión católica también las monjas llevan toca y los sacerdotes pueden ir con la cabeza descubierta, ¿símbolo también de opresión machista?, aunque esto ha sufrido cambios en el tiempo y se ha liberalizado tremendamente. Ante un dilema parece siempre lo más conveniente coger la solución que menos daño cause y en este caso dejar para el ámbito familiar la decisión del mismo, que además no perjudica de forma grave la movilidad de la mujer, parece lo más sensato. Sobre esto, si se desea, se puede reflexionar con los jóvenes en una discusión documentanda y rica que puede resultar ampliamente formativa. Vemos que hay centros que no lo tienen normativizado y otros que sí. Los niños no tienen mayor problema, vemos  a Najwa saliendo de la escuela con sus compañeras en un acto de total normalidad. A mi personalmente me gusta más esto que ver a niñas quitándose el pañuelo a la puerta de la escuela para ponérselo a la salida, porque si con lan norma deseamos y buscamos “liberar” a esas mujeres, ciertamente no lo conseguimos, sino al contrario, a las que lo adoptan de forma voluntaria se les reafirma mucho más en su uso. Lo que pasa es que la norma ¡como nos tranquiliza! Parece todo tan sencillo. La norma dice,.. entonces,… y no hay que pensar ni que romperse la cabeza.

5-    ¿Por qué nos despiertan respuestas tan viscerales estos sucesos? Durante siglos en Al-Andalus y otros lugares, convivieron diferentes culturas y religiones con total tolerancia entre ellas y sin problemas.  ¿Qué es lo que nos hace alterarnos así? Por un lado está el miedo a que nos cambién, el miedo a lo nuevo que va a suponer cosas diferentes entre nosotros,. Por otro lado la crisis económica reaviva la xenofobía cuando se trata de tener que compartir la escasez. Y también hay que tener en cuenta la total desconfianza que hay hacia lo musulmán, nos importaría mucho menos  si lo que llevasen fuese un gorro a lo Bob Marley o los gorros que llevan en muchos países de Africa, de hecho las gorras de beisbol se admiten en muchos institutos sin ninguna alharaca.  Si fuese una monja católica sentada en un pupitre nadie diría nada y se disculparía como lo más normal en nuestra cultura. Hay que reconocer que en los foros se encuentran, sobre este tema del velo, auténticas salvajadas: nadie les ha llamado aquí, que se adapten a nuestras cotumbres,.. ¿A cuál?  ¿A la de la gorra? ¿Y cuál? ¿A la del pañuelo?  El miedo saca lo peor de nosotros, nos obnubila el pensamiento y el raciocinio y optamos por soluciones drásticas, fáciles (¿) y que  parece que nos infunden gran seguridad y claridad de comportamiento. A nada que reflexionemos  esas medidas tomadas así, en caliente, y de modo drástico, suelen traer múltiples complicaciones, no infunden más seguridad porque sus consecuencias suelen ser más peligrosas. Veamos despues del  11-S y del pánico desatado, y después de tomadas tantas médidas histéricas, qué mundo más seguro tenemos.

 Las reflexiones en torno al tema no se acaban aquí, esto para mi no es más que una aproximación que me he obligado a hacerla a fin de ir tomando posiciones que sean respetuosas con todas las creencias y formas de sentir y estar.

Las presentes reflexiones sólo reflejan mi estado de opinión o confusión y en ningún caso la del centro al que pertenezco y/o a su colectivo de trabajadores ni Dirección.

                                              Marije Aguillo – Dinamizadora Intercultural

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