DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA DISCRIMINACIÓN RACIAL

El 21 de Marzo se celebra en el mundo entero  el Día Interncional contra el Racismo. La fecha fue establecida por la ONU en memoria de las víctimas de la masacre de Sharpeville, en Sudáfrica, ocurrida hace cincuenta años cuando los negros luchaban contra el uso obligatorio de salvoconductos en su propio país.

Mal asunto cuando hay que celebrar un día mundial o internacional a favor de lo que sea. El racismo y la discriminación parece consustancial con la naturaleza humana, desde que tenemos memoría se ha ido contra los diferentes, contra otros pueblos por el sólo hecho de ser “otros” y tener “sus” propias costumbres y modo de ver y entender el mundo.

Las últimas décadas, con el avance del fenómeno de la mundialización, la influencia de los nuevos medios de comunicación y, los movimientos migratorios, sorprendentemente se han dado dos reacciones contrapuestas. Por un lado, la mezcla de culturas ha ayudado, tras los primeros reajustes, a un mayor entendimiento entre pueblos y culturas. Esto se observa muy bien entre niños y jóvenes que han convivido desde pequeños con miembros de otras etnias o culturas, ellos lo viven con total normalidad. Y por otro lado, al albur de las crisis, brotes de xenofobia y racismo que nos retrotraen a otras épocas.

Esto nos lleva a pensar, que ciertamente, ese sentimiento primigenio del racismo o del odio o temor al extraño, proviene de los tiempos de las cavernas, cuando el otro que se aproximaba al grupo era toda una incertidumbre que auguraba peligros para la supervivencia del mismo.

En ese sentido  nada a ha cambiado. Cuando las cosas nos van bien, nos mostramos generosos y compresivos con el extranjero, pero, Ay amigo, si la crisis nos toca o nos golpea, nos mostramos inmisericordes y sólo vemos amenazas, donde antes todo eran promesas y ventajas.

Este día que nos sirva para reflexionar, que la realidad no puede ser tan cambiante, que somos nosotros los que ajustamos el visor a la realidad según nuestros miedos e incertidumbres. La crisis pasará, pero las personas que hemos rechazado, despreciado o ignorado, ahí serguirán, puede que, eso sí, más infelices, más rencorosas, más indiferentes también a nuestros pesares. Hagamos de la crisis, como dicen los chinos, una oportunidad. Una oportunidad de probarnos que también podemos sobrevivir a la misma sin pervertir nuestra naturaleza, sin menoscabar nuestro código de valores, sin sin ser racistas.

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