Un escritor tangerino, Mohamed Chukri

Así se sentía el, de Tanger, Marruecos le parecía algo distante. Nació en 1935 cerca de Nador y muere en el 2008, de cáncer. Hombre sencillo, de orígenes muy humildes, va a ser un niño de la calle impelido por la violencia del padre que le lleva a abandonar el hogar paterno.  Su vida se verá entretejida de miseria, prostitución, drogas y encarcelamiento. Este último hecho será providencial pues aprende a leer y escribir en la cárcel y posteriormente hará estudios.  En los años 60 se instala definitivamente en Tanger y comienza a publicar sus obras.

Las obras que le han dado mayor reconocimiento son la trilogia autobiográfica que empieza con Al-jubz al-hafi (El pan desnudo), sigue con Zaman al-Ajta (Tiempo de errores), y finalmente Rostros, amores, maldiciones (edición en español del 2002).  Es considerado uno de los mayores escritores de Marruecos.

En una entrenvista que le hicieron en sus últimos años, decía lo siguiente:

Soy un antiguo analfabeto autodidacta que, deseó transmitir a los demás aquello que había aprendido. (…). A la edad de 20 años, tuve la disyuntiva entre convertirme en contrabandista o ir a estudiar árabe y español en El Harache. (…) En mi vida me he enfrentado a tres desafíos: aprender a leer y a escribir, salir de esa clase social denigrada y, por último, sublimar mi vida a través de la escritura. (…) Más tarde, me di cuenta de que la escritura podía ser también una forma de denunciar y protestar contra aquellos que me habían robado la infancia, la adolescencia y parte de mi juventud.  (…) 

                        “Ejerzo mi vergüenza contra una

           época determinada, humillante y miserable”

Mi caso es bastante excepcional. No tengo nada que perder. No llevo ningún titular familiar que exija deferencia y al que correría el riesgo de mancillar al escribir como lo hago. Soy un Mohammed desconocido en la historia y defiendo a la gente que la historia oficial siempre ha olvidado.

 

 Extracto del Pan desnudo  

” Lloraba la muerte de mi tío junto con algunos chicos. Ya no lloraba sólo cuando me pegaban, o cuando perdía algo. Ya había visto llorar también a otros. Era la época del hambre en el Rif, la sequía y la guerra.

Una tarde, no podía detener mis lágrimas de tanta hambre que tenía. Chupaba y rechupaba mis dedos. Vomitaba sólo saliva. Mi madre me decía, para calmarme:

– Cállate, vamos a irnos a Tanger. Allí hay pan en abundancia. No llorarás más por el pan cuando estemos allí. En Tánger la gente come hasta saciarse ¿Ves a tu hermano? Él no llora.

Dejaba de llorar cuando veía su cara pálida y sus ojos hundidos. Pero la paciencia que me infundía el mirarle no duraba mucho… Vimos cadáveres de animales mientras nos íbamos a pie de camino al exilio. Los rondaban perros y pájaros negros. Hedían, tripas abierrtas, podredumbre.

Por la noche se oía el aullido de los lobos cerca de la tienda que montábamos allí donde el cansancio y el hambre podían más que nosotros. Incluso algunos enterraban a los suyos donde caían muertos, víctimas del hambre. (…).

En Tánger no vi las montañas de pan que me había prometido mi madre. También había hambre en este paraíso, pero era menos mortal que en el Rif”.

Mohamed Chukri. El pan desnudo. Montesinos, Barcelona, 1988, pp. 11 y 12.

 

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