LOS INDIGENAS QUE SE NOS VAN

GRUPOS INDIGENAS DE COLOMBIA

Éramos dioses y nos volvieron esclavos.
Éramos hijos del Sol y nos consolaron con medallas de lata.
Éramos poetas y nos pusieron a recitar oraciones pordioseras.
Éramos felices y nos civilizaron.
Quién refrescará la memoria de la tribu.
Quién revivirá nuestros dioses.
Que la salvaje esperanza sea siempre tuya,
querida alma inamansable.

Gonzalo Arango (1931-1976)
Poeta Nadaista

(Fuente: http://www.todacolombia.com/etnias/indigenas.html

Gente wayuu (foto de Aetokremnos)

Al leer estras palabras, tránsidas de dolor, por la gran pérdida sufrida, podemos preguntarnos quíen se acuerda, en estos momentos, de los pequeños pueblos indígenas que luchan por su lugar en el sol.  Estamos demasiados ocupados y angustiados por la Deuda, por las directrices del BEC  odel FMI, por las decisiones de A.M., por las estadísticas del paro,… Todo son grandes siglas para una civilización, la europea, que parece acosada y castigada por dioses vengativos por no se sabe qué pecados cometidos. ¿Cómo vamos a acordarnos de esos pequeños pueblos, en  lugares remotos, cuándo no sabemos qué va a ser de nosotros?

Cultura Tule (página del Ministerio de Cultura de Colombia)

Estas etnias, viven angustías semejantes o mayores, porque su historia, su memoria colectiva, su lengua, todas sus manifestaciones culturales y étnicas estan a punto de perecer con ellos,  cuando, además, se llevarán en la memoria  la de tantos pueblos que les han precedido. Sólamente en Colombia  se encuentran, aproximadamente, unos 90 puueblos indígenas. Nombres como los Cocama, Guayabero, Chimila, Kankuamo, Chiricoa, Tatuyo, Wayuu, y así hasta los 90, distribuidos por toda colombia, algunos traspasando fronteras y compartiendo territorios limítirofes, como los Wayuu que también se encuentran por Venezuela en torno al Maracaibo. Detrás de cada uno de estos nombres hay rituales, creencias, leyendas, formas de organiziación social, toda una cosmogonía y lazos con la naturaleza que son la razón de ser de ese pueblo, y todo eso puede tener los días contados.

Los pecados del hombre se van haciendo tan pesados que mucha piedad van a tener que demostrar los dioses para dejarnos atisbar, tan sólo,  una rendija del paraíso.

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