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Pues eso, sueños, ideas, reflexiones, deseos de cambio y mejora,…

La Diversidad

Nos negamos, por lo general, a ver lo más evidente, que la Naturaleza y el Universo son diversos. Nuestras sociedades también, y en c1_diversidad1onsecuencia nuestras escuelas y aulas son diversas. Pero, a veces, parecemos empeñados en querer ver un sólo tipo de semejante o alumnado, o quisiéramos que sólo hubiese un tipo, ese, el que me entiende, el que habla, más o menos, como yo, piensa en las coordenadas que yo pienso, que es como yo,… Pero ¿existe eso? La diversidad es la marca del Universo y las sociedades, que no nos engañemos, nunca han sido homogéneas, van a se cada vez más diversas. El futuro es mestizo.

En ese afan de atajos que tenemos las personas nos cegamos  e ignoramos lo más cercano, lo que forma parte de nuestra humanidad. Tendremos que aprender a andar por caminos enredados en revueltas y vericuetos en donde a cada tramo podemos descubrir lugares asombrosos.

 

El hombre blanco sólo vio lo blanco,

se empeñó en lo blanco,

sólo piensa en blanco.

 

Ignora los mensajes de los astros;

por eso está vacío el hombre blanco.

Ignora el manantial que carga adentro;

por eso el hombre blanco no es eterno.

 

Ignora que hay palabras en el viento;

por eso muere atado a sus espejos.

Ignora que el saber es infinito;

por eso no hay más mundo que sí mismo.

 

Y ahora se pierde,

ahora sucumbe,

el hombre blanco

no entiende y se aburre.

 

“El hombre blanco”  Pedro Guerra

IDENTIDAD Y EL FENÓMENO DE LA INMIGRACIÓN

El eurodiputado y profesor Samir Näir, en un debate sobre Inmigración e Identidad cultural organizado en Zaragoza en el 2001 vino a expresar las siguientes ideas, totalmente vigentes,  que nos clarifican acerca de lo que ocurre en torno a la inmigración cuando se le da un tratamiento político instrumentalizado.

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El problema o la cuestión central de la inmigración no es la identidad. Este tema siempre ha devenido de la politización de la inmigración. Históricamente la inmigración no se plantea en términos  de identidad, esto sería tanto como implícitamente adjudicar a los grupos humanos o sociedades, identidades homogéneas en bloque, identidades monolíticas y fósiles, cuando la realidad es bien diversas y fluctuante.

Los inmigrantes, por lo general,  desean de verdad integrarse, fusionarse con la sociedad de acogida.  La condición de inmigrante es siempre transitoria, nadie aspira a ser el eterno inmigrante, otra cosa es que no es posible, aunque se desee,  borrar los signos del origen más perceptibles: acento, color, vestimenta,… La realidad del inmigrante tiene una posición ambigua que juega permanentemente con el pasado, el  presente y el futuro, ese futuro anhelado que le movió a dejarlo todo atrás y a emprender el desolado camino de tránsito de una cultura a otra.

En el proceso de aculturación el aprendizaje de la lengua, de las pautas y reglas de comportamiento en la nueva sociedad de acogida, son las primeras necesidades apremiantes del inmigrante, y en este proceso gasta unas energías infinitas. La  preocupación por la identidad que demuestras ciertas comunidades nacionales, ponen el acento en el aprendizaje del idioma (Francia exigirá que el inmigrante, antes de pisar suelo francés, además de saber la lengua de Molière conozca los símbolos de la República y la Marsellesa –Nov-2008-).  Lo que está comprobado es que la gran mayoría de los inmigrantes aprende la lengua y tiene interés en ello, pero saber francés o español no les va a hacer más franceses o españoles porque ese sentimiento de identidad y arraigo participa de otros  muchos factores.

La identidad se mezcla con la cultura y desde un punto de vista analítico se debe diferenciar lo que es la “cultura instrumental” y la “cultura expresiva”.  La “cultura instrumental” está constituída por las destrezas, competencias y conductas sociales necesarias para vivir y contribuir a la sociedad de manera satisfactoria. Mediante la “cultura expresiva” nos referimos al ámbito de los valores, las cosmovisiones y los modelos de relaciones interpersonales que dan sentido y sostienen la conciencia del “yo” (C y M.M. Suárez Orozco). Tal es así, que el Estado lo más que puede lograr, y lo logra por el propio interés del inmigrante, es que domine la cultura instrumental, en la otra no puede ni debiera actuar, desde un punto de vista ético pues pertenece al ámbito de los más privado y propio de la persona.

Periódicamente, al ritmo de las crisis económicas, Europa es sacudida por fervores chovinistas y antiinmigración  aludiendo  a la ruptura social que la inmigración provoca. La ideología identitaria, que cíclicamente recorre Europa, tiene más como función proporcionar un complemento emocional sobre todo a las clases medias que han perdido toda idea de futuro y servir de demarcación social, cultural y política frente  a los nuevos pobres en las sociedades ricas.

Lo peligroso de jugar con las identidades  es que éstas  se articulan en torno a prejuicios que fácilmente derivan en manifestaciones y actitudes racistas, el apercibimiento del que viene en busca de trabajo  como el extranjero, como el diferente remarcando la “diferencia”,  su “alteralidad”.  Es lo que Jürgen Habermas denomina  el “chovinismo de la prosperidad”.

La cuestión de la inmigración es ante todo una cuestión de derechos y deberes que no prejuzga el devenir de la identidad en la sociedad. El inmigrante podrá elegir su evolución cultural siempre que respete las leyes del país. El Estado democrático, por su parte, está obligado a transmitir la lengua, códigos y normas al ciudadano, vehículos indispensables para integrarse y acceder al “nosotros” común.

Por tanto, lo que nos confiere de verdad identidad y nos vuelve iguales en el espacio público es el conjunto de derechos y deberes y su aceptación y cumplimiento, respetando la singularidad en el espacio privado.

Nuevo Año, una Nueva Mirada

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 ¡Qué frágil!  Es la mariposa de las alas transparentes, parece de cristal. Así somos también las personas, material sumamente frágil y sensible y, sin embargo, ¡cómo nos miramos!, ¡cómo nos tratamos!

Me gustaría que en este nuevo año que estrenamos, estrenásemos mirada nueva también. Una mirada diferente, desde el otro, con el otro, poniéndonos en el lugar del otro. Una mirada para mimarnos, para hacernos sentir bien. Una mirada crítica con la injusticia y la desigualdad, con la falsedad, con el insulto y la autocomplacencia.

Es ya tópico que con el año nuevo la gente se haga multitud de propósitos de cambio (dejar de fumar, ser más puntual,..) o planes (estudiar idiomas, ir al gimnasio,…),  que ya casi desde el mismo  momento de hacerlos están condenados al fracaso. Casi todos esos propósitos son personales o, a lo sumo, familiares, rara vez pensamos en voy a sonreí r a mi vecino todas las mañanas cuando lo encuentro en la escalera en vez de más bien gruñir un buenos días, o voy a ser más generoso-a con mis compañeros de trabajo, o voy a evitar poner etiquetas a la gente con tanta facilidad.

Nuestro bienestar lo medimos mirándonos el ombligo. La coyuntura económica buena o la actual crisis lo son según el EURIBOR  afecte a nuestra hipoteca, nuestros puestos de trabajo no peligren o podamos permitirnos dejar las faenas menos gratas a los inmigrantes, porque si las cosas se ponen feas esas forman parte, también, de los inestimables puestos de trabajo que corresponden a los de aquí, ¡faltaría más!

Este año, este día, cualquier día y todos los días nuestro empeño debiera ser, no hacer grandes cosas, tareas difíciles o de gran coste personal; sería suficiente que nos propusiéramos pequeños gestos, actitudes diferentes para cambiar, casi de modo imperceptible, nuestra realidad cotidiana. Porque ¿Qué es un pequeño gesto? Muy poco y todo, como el copo de nieve que tras miles  como él hace quebrar la rama, como  la gota de agua que taladra la piedra. Son las pequeñas cosas de cada día las que nos pueden ayudar a crear un mundo mejor.

Que este nuevo año nos sirva para emprender pequeños nuevos gestos,  como el aleteo de la mariposa, pequeños pero transformadores, alentados por un deseo de sensibilidad renovada. 

Marije Aguillo 

Islam, Religión, Escuela

No es malo que conozcamos el Islam, como que conozcamos el judaísmo, el hinduismo, el budismo, la santería, espiritismo, etc. ¿Cuántas religiones hay? ¿Cuántas culturas?.

Algunos entendemos que la religión entra en el plano de lo privado y personal, de la fe, y la fe no puede enseñarse, o por lo menos no debe hacerse en las escuelas que deben ser ámbitos no excluyentes, ámbitos para la ciudadanía.

La Constitución del Estado español fija  (Capítulo Segundo, Artículo 16-3) un estado laico,  en el que ninguna confesión religiosa tiene carácter estatal.  Muchos, y muchas, pensamos que en España no se está cumpliendo la deseada neutralidad religiosa del Estado, que el paso a un Estado laico se está demorando y enredando excesivamente. Tenemos una Iglesia católica que está llevando muy mal la crisis religiosa que está sufriendo por falta de vocaciones y  pérdida de fieles y la consiguiente pérdida de poder e influencia en la conciencia de los ciudadanos y en la sociedad. 

 La sociedad, en conjunto, parece a veces no entender lo que es la separación Iglesia-Estado como lo prueba el último y esperpéntico asunto de un crucifijo en una escuela de Valladolid que, ha supuesto reabrir también un viejo debate en  la vecina  Italia, en torno a una sentencia del Consejo de Estado el 13 de febrero de 2006., también a cuenta de crucifijos en una escuela.  En este caso la sentencia apela a la tradición, al valor educativo que representa (¡),etc.

 “En un lugar de culto, el crucifijo es propia y exclusivamente un símbolo religioso”, dice la sentencia. En cambio, en una sede no religiosa, como la escuela, destinada a la educación de los jóvenes, “exponerlo estará justificado y tomará un significado no discriminatorio en el plano religioso, si es apto para representar y recordar de modo sintético, inmediatamente perceptible e intuitivo (como todo símbolo), valores civilmente relevantes, sobre todo los que sustentan e inspiran nuestro orden constitucional”.

 Y si esto no era suficiente terminan arguyendo que el crucifijo forma parte del mobiliario escolástico y que, por lo tanto, no se puede retirar. mujer-musulmana-e-hija1 

No dejan de ser chocantes los argumentos: está justificado y no tomará un significado discriminatorio en lo religioso  si es apto para representar valores,… ¿Cuántos son los símbolos que pueden representar valores? Y ¿quién diría cuál es el que los representa mejor? Y ¿quién asegura que nadie se siente discriminado? ¿por qué no poner todos los símbolos religiosos?  ¿Y quién dice que es perceptible e intuitivo recordatorio de valores civiles relevantes? No creo que para alguien de otra latitud y ajeno a la cultura cristiana un crucifijo le sea muy intuitivamente significativo más que de muerte, martirio, y cualquier otro significado sangriento. Por otro lado si esos valores que representa y recuerda  el crucifijo son civiles y de acuerdo a la Constitución, sobra el símbolo religioso que puede herir a personas de otras religiones que sientan sus símbolos relegados y excluídos. Y lo de ser mueble (¡?),…eso sí que es hiriente, además cualquier mueble puede ser eliminado o sustituido según conveniencia.

Este fin de semana salta en la prensa, toda pimpante, la noticia de que el Islam entra en las aulas vascas. Si, ya lo hizo este curso, justo aquí en Mungia, que con Eibar y Miribilla (Bilbao) hacen los tres centros que imparten religión islámica en el País Vasco. Y mi pregunta es ¿de qué modo contribuyen estas clases de religión islámica a que los autóctonos conozcamos mejor el Islam?  Pues nada, creo yo. ¿Y nuestras clases de religión católica a que nuestros alumnos-as musulmanes conozcan mejor ésta religión?

No es que tenga nada contra la religión islámica, todo lo contrario, sino con la religión en las escuelas en general.  A mi sí que me gustaría que todos los alumnos y alumnas tuvieran cultura sobre la religión islámica, judaica, budista, etc. Porque ese conocimiento sí que ayuda al entendimiento de los pueblos y a deshacer prejuicios. En este caso abogo, como mucho se ha defendido en este terco debate de la religión y la escuela, por la Cultura de las Religiones. Pero que se dé clase de religión a quien la profesa en la escuela me parece un sinsentido, para esto está la catequesis, las madrazas coránicas,… y la escuela dejarla al margen de peleas  religiosas que ya tiene bastante con lidiar otro tipo de ideologías.

   Marije Aguillo – Irakasle (profesora) y  Dinamizadora Intercultural del IES MUNGIA BHI